Hoy voy a escribir sobre un tema que me ha afecta personalmente y del que llevo mucho tiempo tratando de aprender nuevas formas terapéuticas ya que los tratamientos actuales son bastante ineficaces. Os quiero a contar mi experiencia con la condromalacia rotuliana.
Desde niño fui deportista, concretamente la piscina era mi segunda casa. A los 15 años empecé a notar molestias nadando mi primer estilo: braza. Los médicos, que no fueron pocos, me dijeron que dichas molestias eran asociadas al crecimiento y que no le diera importancia, que remitirían con el tiempo. Al principio, con unos días sin nadar braza bastaba para estar perfectamente. Luego con los años me pasé al triatlón y al día siguiente de hacer un entrenamiento en la pista de atletismo ya no sentía una simple molestia, sino un dolor que estaba conmigo dos o tres días. Tenía 18 años. La frustración que sentía ante la incapacidad de no poder hacer deporte tal y como a mí me gustaría siendo tan joven no tengo forma de explicarlo. Volví a los médicos, esta vez dispuesto a saber qué es lo que realmente me pasaba. Tras varias pruebas, me hicieron una RMN (resonancia) en las rodillas y por fin me dijeron que había algo que no estaba tan bien como me decían el resto de traumatólogos. Tenía condromalacia rotuliana grado II y III en las rodillas izquierda y derecha respectivamente. Empecé con un tratamiento farmacológico a base de hidrocloruro de glucosamina durante 3 meses. Los resultados de este tratamiento, lejos de ser esperanzadores, fueron un completo desastre. Seguía sin poder correr y sin poder hacer natación al nivel que a mí me gustaría. Eso me desanimó y provocó en mí un total abandono del deporte durante los primeros años de carrera. Me fui a la Universidad con 80 kilos y volví con casi 100, lo que en mí tampoco es una exageración pues mido 1,90 metros. Aún así, había cogido 20 kilos en los años en los que cursaba farmacia y nutrición en Madrid. Quería volver a hacer deporte y las molestias no solo seguían ahí, sino que habían empeorado considerablemente. Fui a buscar consejo a uno de los grandes traumatólogos de éste país y gracias a él aprendí un montón de trucos con los que mitigar los síntomas de esta molesta patología. Hoy compartiré con vosotros todo lo que he ido aprendiendo desde entonces.
Se trata de una degeneración progresiva del cartílago existente entre el fémur y la rótula que evita la fricción entre ambos.
Se trata de una patología multifactorial, pues son muchas las posibles causas que asociadas o en solitario pueden afectar al desarrollo de la misma. Las más importantes son:
Naturalmente, los síntomas podrán variar de una persona a otra puesto que se trata de una enfermedad progresiva en la que hay diversos grados.
- Grado I: Grado inicial e incipiente de la condromalacia. Afrontar el problema en este grado asegura unas altísimas probabilidades de restablecer la salud articular e impedir que la patología siga avanzando. Existencia de edema y reblandecimiento del cartílago.
- Grado II: Existe una alteración visible del cartílago. En las artroscopias se aprecia como si éste se deshilachara.
- Grado III: Se aprecian fisuras que comprometen la integridad del cartílago, algunas de ellas llegando cerca de las capas más profundas.
- Grado IV: Es el grado más avanzado de la patología. En él ya existe una ulceración producida por el agravamiento de las fisuras previas y afecta al hueso subcondral. La capa de cartílago está tan desgastada que es casi inexistente. Los síntomas en esta fase son mucho más notorios. Ya hemos descrito la patología, ahora procedo a contaros lo más interesante, cómo plantarle cara a la condromalacia. Al igual que la etiología de la enfermedad (causas) es amplia, las formas para afrontarla son múltiples y considero un error actuar en un punto dejando el resto sin tocar.
Existen múltiples formas para afrontar la condromalacia. En principio lo que los médicos dicen es que no existe una forma definitiva de eliminar la patología, sino de frenar su progresión. En mi experiencia, tras más de 10 años con molestias y 5 activos en busca de formas de poder volver a hacer deporte sin limitaciones he de reconocer que por desgracia tienen razón en un punto. Volver a tener la rodilla como nueva sin tener que estar en tratamiento es prácticamente un sueño, sin embargo, con unas sencillas pautas he conseguido eliminar las molestias y poder volver a practicar deporte. "En función de cuál sea la causa que haya originado la condromalacia, será recomendable uno u otro tipo de tratamientos, o incluso mejor, una combinación de ellos"
- Tratamiento fisioterapéutico: Se enfocará en la observación postural, estudios de la pisada, simetría de los miembros y actuación en consecuencia. Generalmente se suele tratar con osteopatía, radiofrecuencia, ultrasonidos, punción seca, estiramientos, ejercícios propioceptivos de la rodilla y/o refuerzo de la musculatura de los miembros inferiores.
- Infiltraciones con ácido hialurónico: Se trata inyecciones periódicas con ácido hialurónico y polímeros de glucosaminoglucanos que lubrican la articulación y evitan el roce de los huesos implicados. La gran desventaja de este tratamiento es la periodicidad del mismo, ya que se han de aplicar cada 6 meses/1 año además de tener un precio elevado, sin embargo, están cubiertas por la Seguridad Social.
- Pérdida de peso: Uno de los factores claves para reducir la progresión y los síntomas de la condromalacia rotuliana es mantenerse en valores bajos del IMC (Índice de Masa Corporal) Los valores considerados como normales son entre 18 y 25, siendo éstos los extremos. En función de la constitución de cada uno, nosotros recomendamos valores medios entorno a 22-23. Cuanto menos peso hayan de soportar nuestras articulaciones, menos síntomas, menos progresión y mayor salud y calidad de vida.
- Tratamiento farmacológico: Generalmente los traumatólogos prescriben hidrocloruro de glucosamina, condroitín sulfato o una combinación de ambos. En mi experiencia este tipo de tratamientos son muy básicos y tienen un efecto muy limitado por lo estrecho del enfoque de la aportación. Glucosamina y condrotín sulfato son componentes de la matriz del cartílago, pero aún así faltan componentes básicos que han demostrado su eficacia en el tratamiento de la condromalacia y que he ido descubriendo poco a poco.
- Tratamiento de complementación nutricional: Además del condroitín sulfato y del hidrocloruro de glucosamina, existen complementos específicos para el daño del cartílago articular que además de los arriba nombrados contienen: colágeno, ácido hialurónico, metil-sulfonil-metano, vitaminas C, D, silicio orgánico entre otros. Una asociación de todos permite un ataque más completo al problema consiguiendo mucho mejores resultados. En nuestra web tenemos una selección de complementos alimenticios destinados a frenar en seco la condromalacia y a mitigar sus síntomas.
- Tratamiento con factor de crecimiento: Mediante la aplicación de PRP (Plasma Rico en Plaquetas) se están obteniendo muy buenos resultados. En mi caso aún no lo he probado, pero amigos afectados hablan maravillas de este tratamiento.
- Tratamiento de potenciación de la musculatura: Para una correcta alineación y soporte de la rótula, que asegure una completa sujeción y funcionalidad hay que dotar a las piernas de una musculatura fuerte y potente por lo que deberemos llevar a cabo un plan de ejercícios para este fin. Un buen traumatólogo o fisioterapéuta puede proporcionaros las pautas y ejercícios que desarrollar. Es un error muy frecuente frecuente pensar: "me duelen las rodillas cuando corro o las ejercito, voy a dejar de ejercitarlas" Se trata de un error que puede agravar la patología. Las piernas han de estar fuertes y musculadas adicionalmente para poder reforzar la articulación. Esta ha sido mi experiencia con la condromalacia hasta ahora. Espero que os haya sido de ayuda. Si os ha gustado el artículo, no dudéis en compartirlo.
Ernesto de la Vega Rodríguez Farmacéutico y Dietista-Nutricionista en Farmacia Inmaculada Rodríguez - Cuidados Farmacéuticos
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